El impacto de la maternidad

 

Ya han pasado dos hijos, dos embarazos, 102 meses en total de vida de madre. Esa nueva vida, ese Big ban, ese Hiroshima, ese Woodstock, que te saca de tu vida, de tu carrera, de tu pareja y hasta de tus vaqueros. Que pulveriza lo que fuiste en el espacio sideral de la maternidad, que llena de un amor que por un lado no se explica con palabras, pero te vacía por el otro, dejando un gran espacio en blanco, una página vacía.

Y aquí sigues, con dos niños que lo son todo, tratando de que la pareja que fuisteis no se hunda en el fondo de esta maravillosa vida de padres. Intentando que el mundo laboral te haga un hueco, bueno, más bien tratando de hacer hueco con una mano, mientras con la otra sujetas a tus dos hijos, que a su vez luchan por tu atención, porque nunca es suficiente, ellos lo quieren “todo” y te rebañan como un bote de nocilla, sin saber que, precisamente “todo”, es lo que tú también quieres. Quieres llegar a fin de mes, llegar antes del baño, llegar a la fiesta de fin de curso (con el traje adecuado), llegar a publicar tu primer libro, llegar a pesar 54 kilos de nuevo, llegar a tiempo al cole, llegar a rodar una serie, o al menos alguna de tus campañas, llegar a ver La la land, llegar a pasarle la carga mental a tu marido (para tome posesión de su 50% de responsabilidad), llegar a tu trabajo y que no te pongan caras (sí la gente que habla de conciliar es la misma que luego pone caras cuando llegas arrastrando ojera por tercera vez del médico) y llegar a reconciliarte, ya que estamos, con este nuevo aspecto de madre, que hace años que no se habla con tu armario.

Llegar, sí, llegar, como si fuera posible que la persona que fuiste y la que eres, “lleguen” a hacer las paces y el mundo te deje sencillamente “ser”, sí, ser, un poco, aquella persona ligera que fuiste un día en una galaxia muy lejana, cuando las cosas llegaban solas y todo parecía que estaba de tu lado, cuando ni siquiera tenías que pronunciar la palabra feminismo, género, sororidad o conciliación, porque estabas demasiado ocupada siendo ligera como un pájaro.

Llegar, sí, llegar a ser la madre que te habías propuesto, antes de saber que no llegarías a nada sin que el mundo te abra un expediente que no se cierra nunca.

Y llegar ser feliz, porque aunque la magia de construir un biboac con los pequeños, mientras fuera llueve, y Sufjan Stevens salta de un tema a otro por una lista de Spotify que se llama “Casa”, para merendar en el desierto inventado de vuestro salón, donde les contarás una y otra vez su cuento favorito, sea lo mejor que te ha pasado en la vida, te gustaría “llegar” a dejar de oírte decir todo el rato lo cansada, sola e incomprendida que estás –quizá solo te pase a ti, pero sospechas que no–, en esta nueva, deliciosa, agotadora y feliz vida de madre, que, por otro lado no quieres que se te escape entre los dedos.

Que lo único que necesitas, es (lo que, sospecho, necesitamos todas), un hueco para ser nosotras en un mundo que nos acepte como somos, una pareja que nos sujete desde el otro lado y volver a caminar sobre las la hierba, con los pies descalzos, después de la tormenta, ahora llevando dos pequeñas manitas dentro de tu mano de madre.

Puede parecer triste, pero no lo es, es solo la Cara B de tu nueva vida, esa que no te cuenta nadie.

Y ahí va un spoiler: la maternidad, claro tiene su Cara B, y eso lejos de lo que pueda parecer, no tiene nada de malo, creo, porque sin ella no habría Cara A, ni bonus track.

Y el bonus track, Señorías, es que este 20 de junio, daré a luz a mi tercer hijo. Un libro que ha sido, de los tres, el parto más duro de todos. Lo he llamado Motherland, y en él la protagonista cuenta sin tapujos, sin guardarse nada, en riguroso directo, todo lo que le hubiera gustado saber a ella de la maternidad.

De la Cara B a la Cara A. De la cara A a la cara B.

Un libro que nace de la maternidad misma, escrito para acabar con un enemigo común: la culpa, la maldita culpa, el mayor freno para “llegar” a disfrutar de eso de que tiene de milagro y maravilla, ser madre, en un mundo que te apoya poco o nada.

Motherland es mi primera novela y sale a la luz este mes.

Es un atlas de madres, un punto de encuentro y un canto a la feminidad desde otro lado, concretamente desde esa ducha que te sigues dando con la puerta abierta, por si acaso.

Motherland va por ustedes, Señorías, que tantas veces me invitaron a escribirlo:

Bienvenidos.

a través de El impacto de la maternidad —

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s